Una economía en crecimiento recibirá al próximo gobierno en Chile

banderas chile novEl repunte del precio del cobre abre un camino más auspicioso que el que recibió Bachelet con ese ingreso en caída cuando asumió hace cuatro años.

Cuando Michelle Bachelet entregue el mando al próximo presidente de Chile, el 11 de marzo de 2018, le cederá además la responsabilidad de tripular un país que, luego de un período de freno económico comienza a recuperar, de a poco, su crecimiento. Si se confirman los pronósticos, será el conservador Sebastián Piñera quien conducirá esta nave. El ex presidente se ha ocupado de recordar en la campaña que durante su mandato, entre 2010 y 2014, el país creció y se crearon empleos. Un discurso que pesó en las intenciones de voto, que hoy lo ubican con una amplia ventaja frente a sus rivales.

La reactivación económica, el empleo y la mejora de los salarios serán desafíos centrales para el próximo gobierno, que también deberá enfrentar una serie de problemas crónico que preocupan a los chilenos, como el acceso a una educación sólida y a servicios de salud de calidad.

El nuevo gobierno llega en un momento auspicioso por el escenario externo, con un alza del precio del cobre. “Estamos en un punto de inflexión positivo. Después de un período de gobierno en el cual el país creció a un ritmo anual menor al 2%, en este último trimestre se han comenzado a ver algunos brotes verdes”, señaló a Clarín el economista Joseph Ramos, de la Universidad de Chile. “Las empresas mineras aumentaron su inversión y las expectativas de los consumidores han mejorado”, agregó.

Desde la caída de la dictadura de Augusto Pinochet, en 1990, hasta 2014, el país mantuvo un crecimiento promedio del 5% anual. Pero desde el final del anterior gobierno de Piñera, y en el comienzo del segundo mandato de Bachelet, se vivió una desaceleración, producto de la situación internacional, en especial la caída del precio del cobre, principal producto de exportación de este país. Pero el freno se debió también a las reformas de Bachelet, “que fueron buenas para generar equidad, pero malas para el crecimiento”, dice Ramos.

La reforma laboral, tributaria y educativa, que pretende llevar la gratuidad a los estudios universitarios al menos al 70% de los alumnos con bajos recursos el próximo año, fueron las medidas estrella de este gobierno, que apuntó a reducir las notorias desigualdades nacionales.

Y, aunque para las agrupaciones de estudiantes y para los sectores más de izquierda del país estas reformas fueron insuficientes, para el empresariado y grupos conservadores esos cambios generaron una desconfianza que se tradujo en un freno de las inversiones. “Piñera tuvo durante su gobierno un buen período de crecimiento, y el empresariado le tiene más confianza”, interpreta el economista Ramos.

Aunque, según recuerdan otros expertos, el ex presidente le entregó el mando a Bachelet, en marzo de 2014, en un escenario de desaceleración que se agudizó en los años siguientes. “Piñera logró transmitir que él es más eficiente en materia económica”, coincide Gonzalo Martner, economista de la Universidad de Santiago de Chile.

Ese panorama algo más auspicioso en el plano económico, abrirá al próximo presidente otros grandes desafíos. Bachelet dejará avanzada gran parte de la ambiciosa reforma educativa, que al final de su mandato permitirá estudiar gratis en la universidad a cerca de 280.000 jóvenes.

Pero la ley que establece la gratuidad universal de forma permanente todavía se discute en el Congreso. Piñera anunció que en caso de ser elegido, mantendría la gratuidad para el 60% de los estudiantes con menos recursos, pero con condiciones.

Otra cuenta pendiente que deja Bachelet es la reforma del sistema de jubilaciones, heredado del pinochetismo, que hoy entrega montos bajísimos, y que también está en pleno debate. Bachelet envió al Congreso un proyecto que introduce por primera vez un aporte de 5% para las empresas, ya que hasta ahora era un sistema absolutamente individual. Se busca así mejorar en un 20% el monto de las pensiones. Pero para gran parte de la población eso es insuficiente.

En el marco de sus reformas sociales, Bachelet deja además como legado la aprobación del aborto terapéutico y de un acuerdo de Unión Civil para personas del mismo sexo. La presidenta también envió al Congreso un proyecto para establecer el matrimonio igualitario, con la posibilidad de adopción, al que Piñera ya le ha cerrado la puerta ante la fuerte oposición de los sectores conservadores. Está claro que, si los pronósticos se cumplen y Piñera vuelve al Palacio presidencial de la Moneda, su prioridad, inevitable, será la economía.