Juan Benjamín Lopes “Mi papá fue el amor de mi vida”

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A ocho años de la partida del docente, locutor, periodista y escritor, Mario Dos Santos Lopes, su hijo lo recordó en una charla mano a mano con Deseado Noticias. El legado de un trabajador de la cultura y la premisa de un ser que parece no haberse ido.Ya no hay un “Deseado Revista” radial, o un “Viernes de café” televisivo, es que desde hace ocho años, un 30 de abril, los ojos de este comunicador se cerraron, su corazón herido, repentinamente dejó de latir. Se fueron con él un bagaje de historias y quedaron una variedad de recopilaciones que aportan a la cultura diaria de un Puerto Deseado que, silenciosamente, lo extraña.

“Paradójicamente cuando vine a despedir a mi padre, me trajo desde Comodoro el mismo auto que llevó al actor que actuaba la noche de su deceso y a quien él iba a ver” cuenta un nostálgico Juan Benjamín Lopes.

Mario Dos Santos Lopes nació en la ciudad de Buenos Aires, el 14 de enero de 1959. Padre de cuatro hijos. Veinte años después se radicó en la ciudad de Puerto Deseado, provincia de Santa Cruz, para ejercer como maestro de Escuela Primaria en el Colegio Salesiano San José. Desde el año 1988 dirigió el Semanario El Orden, y desde el año 1985 conduzco el programa radial “Deseado Revista”.

Como esos bohemios incorregibles de pluma exquisita y de pensamientos bravos era Mario y así es que se lo recuerda, porque además de ser maestro en las aulas lo fue, en el periodismo y nos enseñó a todos. “Basándome en mí experiencia de hijo/amigo, supongo que me es fácil suponer, al menos, que los que lo recuerdan es por su falta de maldad, su ingenuidad (desde el bonito lugar de la ingenuidad de un buen ser humano). Dispuesto a ayudar, a escuchar, debatir, disculparse si hiciera falta. Aprender o explicar… Espero así sea, y lo recuerden por el tipo y calidad de ser humano que fue” nos cuenta Benjamín, quien pensó, tras la muerte de su padre, en radicarse en Puerto Deseado, pero las cosas de la vida retrasaron su decisión y ahora se alejó ya que “toco a mí puerta el amor de mi vida, me casé. Pero el año pasado anduve visitándolo”.

Benjamín cree que Deseado lo sigue recordando y no le debe nada a este hombre que tanto le dio a la ciudad “no solo lo creo, estoy seguro que ni Deseado ni ningún gobierno le debe nada… Quizás algunas personas, para él mucho más importantes, quedaron debiéndole algo… Pero Deseado le dio todo, y los gobiernos bueno, son solo gobiernos”.

“Para mí fue el amor de mi vida, alguna vez dude si era amistad o amor… Fue un amigo consejero, fue un amigo responsable de nuestra amistad, cómplice de sonrisas y algunos enojos. Fue sabidurías, inquietud… Mi papá fue una persona con muchos miedos, pero mucha más intriga, curiosidades. Hasta el hartazgo persiguió la felicidad y le costó durante muchas temporadas, mucho de su vida. Fue sin dudas, en resumidísimas cuentas, el amor de mi vida” dice emocionado el joven desde Buenos Aires.

“Fue sin dudas, en resumidísimas cuentas, el amor de mi vida”

Juan Benjamín Lopes desde la distancia recuerda a su padre, sabe que le quedaron muchas charlas pendientes y desea tenerlo a su lado para hacerle varias preguntas, “muchas de ellas serían una curita al corazón para tremenda pérdida… Pero sin dudas que le volvería a decir que lo amo y que gracias por ser lo que fue para mí. Herede dos tíos de amigos, y dos abuelos que fueron dos pelotas de oro”.

“Mi padre le dejó risas, berrinches de alguna época más joven… Y voluntad, las dos manos siempre dispuestas, ideas para crecer… Sueños y le dejo su vida a Puerto Deseado” cierra.

Y vaya cierre el de nuestro entrevistado, un cierre que nos permite decir que tal cual lo describió y tal cual lo piensa, es como los vecinos de la ciudad portuaria lo conocieron. Porque muchos se lo habrá criticado, porque mucho se lo habrá insultado y a muchos habrá molestado, pero era un ser humano que por fuera del micrófono era el maestro que había venido barbudo en el 79’, el de los chistes malos y el de la pipa humeante.

No hay, ni va a haber otro Mario Dos Santos Lopes igual o parecido, su partida dejó un vacío que nadie lo llena y que muchos lo quieren llenar, pero les queda grande el poncho, de eso estamos muy seguros.