Tras 27 años frente a las aulas, el profe Nacho, se jubiló

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Querido y recordado por todos, estimado y alagado por muchos, este docente es parte de la “vieja escuela” en la educación de Puerto Deseado y así se lo recordará.Cuando Ramón Ignacio Zambón se recibió de docente decidió rápidamente venirse al sur, su destino, un pueblo en la provincia de Santa Cruz donde estaban sus tíos, Puerto Deseado, “apenas me recibí mi familiares me dijeron que me venga para aquí y hoy llevó más de la mitad de mi vida en Deseado, acá formé mi familia y armé mi vida” cuenta a Deseado Noticias un nostálgico maestro.

El profe Nacho dice que la docencia lo eligió a él, “terminé mis estudios secundarios y estaba a la espera de un proyecto que anhelaba. Mientras eso sucedía, mi abuela me dijo que empezara a estudiar algo. Me inscribí en el profesorado y ese año me fue muy bien, metí todas las materias y con muy buenos promedios. Cuando me llegó el llamado para el proyecto que esperaba dije NO, primero término la carrera y después hago lo que tenga ganas de hacer, sin embargo me recibí y en forma de aventura llegue a Puerto Deseado para nunca más irme. Por eso digo que la docencia me eligió a mí”.

Nacho Zambón, se convirtió, el pasado viernes, en el tercer docente de la escuela Krewen kau en dar clases en el único establecimiento escolar, una elección llamativa pero real. Allí, en “la 56” pasó 27 años, “me pasé de antigüedad debido a la burocracia de papeles que se demoraron en llegar” agrega a modo de anécdota.

“El que siembra, cosecha, es una verdad de la vida. Debe el hombre a la tierra sembrarle paz y alegría y alimentar palomas de la amistad más sentida”, comienza diciendo la chacarera de Horacio Banegas. Si hay alguien que sembró fue este docente que a lo largo de sus casi tres décadas en las aulas cosechó lo que esperaba y mucho más.Su compromiso con la educación fue más allá de enseñar los conceptos correspondientes a las materias, así lo demostraron los incontables mensajes que le dejaron en las redes sociales y los tantos que le llegaron a su teléfono celular. “Ser maestro no es solo agarrar la tiza y escribir en el pizarrón, eso es lo más ínfimo en nuestra tarea. Para mi ser docente es dar lo humano que también buscan los alumnos, porque todos vienen con realidades distintas y necesitan de un abrazo, más allá de saber cuánto es 2 más 2” añadió. “Yo prioricé lo humano siempre, sacarle una sonrisa al alumno, hacer que la pasen bien para que ellos tengan ganas de ir a la escuela. Por eso creo que me recuerdan así. Ninguno menciona como les enseñaba las cuentas, sino por las historias o los chistes que les contaba”.

“Creo que uno debe ser el maestro que siempre quiso tener, desde allí mi postura respecto a priorizar lo humano y luego lo académico. Si uno no está bien en lo humano es muy difícil que un alumno pueda pensar bien en la raíz cuadrada o en el ejercicio que le demos”.

Además de los amigos y el recuerdo permanente de sus alumnos y ex alumnos, Zambón se lleva una familia de la escuela. Allí conoció a Liliana Macías, su esposa hace 25 años y también docente. Juntos concibieron a Luciano Ignacio, “para mantener el Ignacio familiar”.

El profe asegura que la educación de hoy “está en una transición, luchando a favor y en contra de la tecnología que nos quita mucho tiempo a todos y nos ayuda un montón. Pero también tiene sus factores negativos, los chicos no leen para buscar una información, la buscan en el teléfono, ya no hacen resumen la sacan de google. Por eso uno desde la escuela tiene que aggiornarse y ponerse a tono”.

Es tanto el amor y el respeto que el Profe Nacho se ganó en las aulas que ante de la despedida se le acercó un alumno y le pidió como recuerdo su guardapolvo, “y claro que yo acepté dárselo. El martes lo voy a llevar, él me prometió que lo va a usar. Esas cosas y los mensajes que me han llegado me hacen pensar que es lo que fui para muchos de mis alumnos”.

Por último el docente agradece todos los mensajes que le llegaron, “uno no busca directamente que le reconozcan lo que hace, pero indirectamente nos gusta que eso suceda, y por eso se agradece”.

Toda una vida en las aulas, pensando cómo y que educar. Buscando ser el mejor o el más bueno, tratando de sembrar para cosechar, más de media vida – cumplió 50 años en noviembre – dedicada a la educación.

A partir de este martes la escuela tendrá la ausencia de una cara que hace 27 años la veía de lunes a viernes. Quedarán las anécdotas, sus canciones, sus ideas y ese don de una persona que parecía seria, pero que era risueña por dentro, tal cual lo han descriptos en los cientos de mensajes recibidos en esta redacción.

El profe Nacho, ni siquiera el maestro Ignacio, el docente del norte entrerriano que forjó una carrera seguramente cimentada en los conceptos educativos de su familia, que deja una huella imborrable, que ahora dedicará su tiempo a la música o a la carpintería, dos hobby que los vuelven loco, o seguirá jugando a las bochas, el ping pong o el fútbol. Ese profe que seguirá recorriendo los comercios deseadenses y que le seguirán diciendo “Hola profe” y saludando uno por uno para el asombro de su hijo Lucho.

“Ojala que pudiera el hombre con su presencia ser amor, flor y fruto desparramando su siembra
para que los que vengan no sufran por su existencia” culmina la letra del santiagueño. Y vaya que la presencia de este docente le hace honor a la misma.

Se lo extrañará, seguramente sus alumnos lo añorarán, seguramente de acá a varios años los frutos de toda las semillas que dejó serán cosechas seguras y firmes, porque de Ramón Ignacio Zambón recibieron el riego que les dio con todo el amor del mundo. Sembrar para cosechar, porque en definitiva de eso se trató su vida al frente del pizarrón.