Puerto Deseado: ¿Por qué no llega agua a los tanques de agua?

FOTO ACUÍFERO DE PAMPA ALTA- ÁREAS DE CAPTACIÓN
Hablar de la problemática del agua en Puerto Deseado es hablar de una historia que atraviesa generaciones. No se trata de un fenómeno reciente ni de una dificultad inesperada: desde comienzos del siglo pasado y hasta el año 2013 se realizaron numerosos estudios técnicos sobre las condiciones hidrogeológicas de la región y propusieron alternativas para garantizar el abastecimiento de agua potable a la comunidad.
Escrito por el Equipo Deseado Noticias
A lo largo del tiempo también se impulsaron distintas iniciativas: la recuperación del río Deseado, la construcción de diques, proyectos de acueductos multipropósito, la optimización del sistema de Pampa Alta y propuestas de desalinización. En otras palabras, tanto el diagnóstico como las posibles alternativas nunca estuvieron ausentes.
¿De dónde viene el agua que llega a nuestra casa?
Puerto Deseado depende principalmente de acuíferos subterráneos ubicados a unos 40 kilómetros del casco urbano. A diferencia de otras comunidades, no cuenta con una fuente superficial permanente –como ríos o lagos– que abastezca de manera directa a la población. Esta condición exige una planificación cuidadosa, controles permanentes y una gestión responsable del recurso.

1° Simposio de Agua Subterránea en Puerto Deseado. Septiembre de 2010
¿Qué se hizo en los últimos años?
En 2010, el Primer Seminario de Agua Subterránea en Puerto Deseado reunió a especialistas del ámbito público, privado y académico, junto a autoridades políticas y administradores de Servicios Públicos. La conclusión fue clara: el problema no radica en el agotamiento del acuífero Pampa Alta, sino en la forma en que se lo explota. La falta de control y planificación en su uso puede provocar mermas en la captación, aunque el acuífero sigue siendo una fuente confiable si se implementa un plan de manejo sustentable.

Foto acuífero de Pampa Alta – Áreas de capacitación
Ese mismo espíritu de articulación derivó en 2012 en la creación del Comité del Agua, impulsado por Ordenanza del Concejo Deliberante (Concejales Ana María Parejas, Gustavo González, Lidia Gallardo, Miryam Alonso y Pablo Rapetti). Allí confluyeron autoridades municipales y provinciales, representantes del Poder Ejecutivo –entonces encabezado por el Intendente Luis Ampuero–, Servicios Públicos Sociedad del Estado, empresas privadas —incluidas empresas mineras— y actores comunitarios como el reconocido hidrogeólogo Deseadense Carlos Ferrari.

Foto: Carlos Ferrari en audencia con autoridades de Estelar Resources Limited 2010
Esta experiencia de trabajo interinstitucional no fue un gesto simbólico: se tradujo en la Ordenanza N° 6228/14, que reconoce el agua potable como un derecho humano fundamental y la declara de bien público y de interés común en la jurisdicción. Una iniciativa similar fue presentada en la Legislatura Provincial por quién entonces se desempeñaba como Diputado por Pueblo, Roberto Fernández.
En ese contexto también se avanzó en el financiamiento de una planta de ósmosis inversa, una obra estratégica pensada como complemento del sistema existente. La iniciativa comenzó durante la gestión de Arturo Rodríguez, fue sostenida posteriormente por el intendente Luis Ampuero y, finalmente inaugurada durante la intendencia de Gustavo “Kaky” González.
Asimismo, en el marco del Acuerdo Social Minero y con fondos provenientes del proyecto Cerro Moro, se actualizaron estudios técnicos, se instalaron estaciones meteorológicas y se realizaron reparaciones en el acueducto que permitieron reducir pérdidas de miles de litros de agua.
Estos antecedentes demuestran que, cuando el Estado, el sector productivo y la comunidad trabajan de manera articulada, se generan herramientas concretas para afrontar el desafío del abastecimiento de agua potable para Puerto Deseado.
¿Hay solución?
Si. La historia del agua en Puerto Deseado muestra que no se trata de una escasez inevitable, sino de una necesidad permanente de mejorar la “gestión del recurso”. A lo largo del tiempo hubo diagnósticos, experiencias de trabajo conjunto y avances que permitieron mejorar el sistema.
Las soluciones no surgen de la espera pasiva, sino de la planificación técnica, la organización institucional y el compromiso colectivo. Por ello: “no hay peor gestión que la que no se hace”.
Recuperar esas experiencias puede ser clave para proyectar el futuro y garantizar que el acceso al agua potable vuelva a ser una prioridad sostenida en la agenda pública.
¿Podrán los actuales representantes del Pueblo de Puerto Deseado, enviar un WhatsApp a quienes protagonizaron estas gestiones cómo, en menos de dos años, fue posible concretar inversiones que durante muchos años garantizaron el abastecimiento de agua en la ciudad?






